Radio Pasión FM
El fenómeno de El Niño, que ya está presente en el Pacífico ecuatorial, ha mostrado un notable fortalecimiento, según el último informe del Centro de Predicción Climática de la NOAA. Este 9 de julio, la agencia estadounidense confirmó que hay un 81% de probabilidad de que El Niño alcance una intensidad excepcional entre octubre y diciembre de 2026, lo que lo posicionaría entre los más poderosos desde 1950.
Las anomalías de temperatura del mar han mostrado un calentamiento significativo, especialmente en el Pacífico central y oriental. En particular, el índice de la región Niño 3.4 ha registrado un aumento de +1,2 °C, mientras que la región Niño 1+2 ha alcanzado hasta +2,7 °C. Este calentamiento no solo se limita a la superficie, sino que también se ha observado a profundidades mayores, lo que indica un cambio más amplio en las condiciones oceánicas.
Además de las anomalías térmicas, la atmósfera también está respondiendo. Se han detectado vientos anómalos y un aumento en la formación de nubosidad sobre el Pacífico central, lo que indica un acoplamiento cada vez más fuerte entre el océano y la atmósfera. Estos cambios son típicos de un fenómeno de El Niño en intensificación.
Para Chile, y en particular para la Región de O'Higgins, esto podría significar un cambio en la circulación atmosférica y un aumento en las precipitaciones durante la próxima primavera. Históricamente, El Niño ha estado asociado con un aumento en las lluvias en la zona central y sur del país, aunque la relación no es automática y depende de diversos factores climáticos.
La NOAA advierte que, aunque un evento fuerte puede influir en el clima, no garantiza automáticamente un aumento en las lluvias. La intensidad del fenómeno puede modificar los patrones climáticos, pero los efectos específicos varían según el contexto regional y temporal.
Por lo tanto, es crucial que las autoridades y la comunidad de O'Higgins sigan de cerca el desarrollo de El Niño, ya que su evolución en los próximos meses podría tener un impacto significativo en el clima y la agricultura de la región. Monitorear las anomalías de temperatura y la respuesta atmosférica será clave para anticipar cualquier cambio importante en las condiciones climáticas.