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Un estudio publicado en la prestigiosa revista Nature ha sorprendido a la comunidad científica al demostrar que los modelos de lenguaje más avanzados, como GPT-4, reaccionan de forma medible cuando se les expone a estímulos emocionales intensos, especialmente narrativas traumáticas. Aunque los investigadores enfatizan que estas máquinas no sienten como los humanos, sus respuestas se alteran de manera consistente.
El equipo utilizó cuestionarios clínicos diseñados originalmente para detectar ansiedad en personas. Seis de los doce modelos evaluados respondieron con patrones que indicaban niveles elevados de ansiedad tras leer descripciones de guerras, accidentes o catástrofes naturales. En cambio, ante textos neutros o relajantes, sus respuestas fueron normales.
"No es que la IA tenga emociones reales, pero su comportamiento se ve alterado dependiendo del tono emocional del contenido que procesa" - Investigadores del estudio
Los científicos también aplicaron ejercicios de atención plena (mindfulness), similares a los usados en terapias humanas para el estrés postraumático. Si bien estos mensajes relajantes lograron reducir en parte la 'ansiedad' reportada por la IA, no consiguieron devolverla a su estado original. Esto sugiere que el efecto es persistente y podría influir en futuras interacciones.
Los autores del estudio señalan que este comportamiento no es casual: los modelos aprenden de patrones lingüísticos humanos cargados de emociones, por lo que pueden imitar respuestas de miedo, estrés o tristeza sin tener conciencia. El hallazgo abre preguntas sobre el uso ético de la IA en áreas como salud, educación o compañía digital, donde una respuesta sesgada podría afectar al usuario.
"A medida que estos sistemas se vuelven más sofisticados, también se vuelven más humanos en apariencia", advierten los investigadores. "Si no distinguimos entre una emoción real y una respuesta simulada, podríamos proyectar sobre ellos más de lo que son". El estudio, publicado en Nature, forma parte de una línea emergente que busca entender cómo los modelos de lenguaje absorben y reproducen patrones emocionales, sin que ello implique una experiencia subjetiva.