Radio Pasión FM
El desierto de Atacama, el más árido del mundo, no está preparado para recibir lluvia. Cuando las precipitaciones llegan, lo hacen de forma violenta: el suelo compactado y sin vegetación actúa como una superficie impermeable que impide la filtración, provocando que el agua escurra rápidamente y active quebradas secas.
De acuerdo con Felipe Ochoa, académico del Departamento de Ingeniería Civil de la Universidad de Chile, "en aquellos sectores donde el agua logra infiltrarse, los suelos pueden saturarse rápidamente, lo que favorece el transporte de sedimentos. Si, además, se ocupan quebradas o se intervienen cauces naturales, el efecto es acumulativo".
El reciente sistema frontal que afectó a las regiones de Atacama y Coquimbo dejó nuevos hitos históricos. Por ejemplo, la estación de Caldera pasó de registrar apenas 1,1 mm acumulados a igual fecha el año pasado a 35,7 mm. Si bien esa cifra es baja para los estándares de la zona central, en el norte representa un volumen que el terreno no puede absorber.
Jorge Gironás, académico de la Universidad Católica y director del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (Cedeus), señaló que "estas crecidas han ocurrido antes y seguirán repitiéndose, tal vez con mayor intensidad producto del alza de la isoterma 0 °C. La mejor manera de prepararse es alejándose del área de inundación tanto frecuente como infrecuente".
El precedente más grave data de marzo de 2015, cuando aluviones en Chañaral y Copiapó dejaron más de 30 personas fallecidas. Gironás enfatizó que en las zonas que se inundan en promedio cada 10 años debería prohibirse cualquier uso antrópico, mientras que en las zonas de inundación cada 100 años solo se debería permitir ocupación que no signifique riesgo para las personas.
"Los fenómenos naturales no se detienen, pero sus consecuencias dependen de nuestra preparación. Los desastres son evitables si aprendemos correctamente de los eventos pasados", concluyó Ochoa.