Radio Pasión FM
La composición mineral del agua potable varía fuertemente según la zona geográfica de Chile, pero esa diferencia no la hace insegura. Un estudio de la Superintendencia de Servicios Sanitarios (SISS) evidenció que, históricamente, las aguas más duras se concentraban entre el norte y la Región Metropolitana, mientras que hacia el sur del país predominaban aguas con menor contenido de minerales.
La dureza corresponde principalmente a la concentración de calcio y magnesio disueltos. La clasificación internacional considera blanda el agua con menos de 60 mg/L de carbonato de calcio; moderadamente dura, entre 60 y 120 mg/L; dura, entre 120 y 180 mg/L, y muy dura cuando supera los 180 mg/L.
En la evaluación de la SISS, el promedio regional llegaba a 362 mg/L en Tarapacá, 341 mg/L en Antofagasta, 630 mg/L en Atacama y 494 mg/L en Coquimbo. La Región Metropolitana alcanzaba un promedio estimado de 394 mg/L, con diferencias entre comunas. En contraste, La Araucanía, Los Lagos y Aysén presentaban promedios inferiores a 50 mg/L.
La variación se explica porque el norte depende en mayor proporción de aguas subterráneas y ríos altamente mineralizados. En Santiago, el agua proviene de fuentes superficiales y subterráneas de la cuenca del río Maipo.
Cuando la dureza supera los 200 mg/L, aumenta la probabilidad de incrustaciones en tuberías y artefactos. Además, el calcio y magnesio pueden modificar el sabor. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud y la norma chilena NCh 409 no establecen un límite máximo para la dureza total, y la evidencia no la asocia a riesgos directos para la salud.
“Tener agua dura no equivale automáticamente a beber agua contaminada: se trata de una característica físico-química que afecta principalmente su sabor y uso doméstico”, señalaron desde la SISS.