Radio Pasión FM
Las olas de calor que afectan a Europa y a Chile tienen orígenes distintos, y la diferencia clave está en los océanos que bañan cada región. Mientras el Mediterráneo occidental puede superar los 25 °C en verano y retener el calor durante la noche, el Pacífico frente a Chile central se mantiene frío gracias a la corriente de Humboldt y la surgencia costera, limitando la intensidad y duración de los episodios de calor extremo.
En Europa, especialmente en la península Ibérica, las olas de calor se alimentan del aire cálido del Sáhara y de un Mediterráneo muy caliente. Durante el día, la radiación solar y el aire africano elevan las temperaturas; por la noche, el mar cálido impide que las zonas costeras se enfríen, generando noches tropicales (mínimas sobre 20 °C) o incluso tórridas (sobre 25 °C).
En Chile, en cambio, el océano Pacífico sudoriental se mantiene frío, y el aire marítimo que ingresa desde la costa modera el aumento de temperatura. Las olas de calor se concentran principalmente en los valles interiores, donde la influencia marina es menor. Para que el calor alcance valores extremos, debe debilitarse la influencia oceánica, lo que ocurre cuando se instala una dorsal en altura y predominan vientos del este desde la cordillera, como el viento Raco en la zona central.
Así, Chile no está libre de olas de calor, pero su geografía —con un océano frío y la Cordillera de los Andes— dificulta que el calor se extienda de manera uniforme y persistente como en Europa.