Radio Pasión FM
La presidenta del Comité de Vivienda e Inmobiliario de la CChC-O’Higgins, Loreto Placencio Lamas, advirtió que si bien el déficit habitacional en la región disminuyó cerca de un 6% en el último balance —alcanzando a unas 40 mil familias—, el problema no se ha resuelto, sino que ha mutado. Según la dirigenta, el análisis de las cifras debe ir más allá del número total: “Lo que realmente muestran los datos es que el déficit habitacional está cambiando y, con ello, también deberían cambiar las respuestas”.
Placencio explicó que hoy el desafío ya no se concentra únicamente en los hogares de menores ingresos. Los sectores medios enfrentan crecientes dificultades para acceder a una vivienda, en un contexto donde la oferta disponible y los instrumentos de apoyo no siempre se ajustan a la realidad del mercado. En esa línea, valoró el reciente anuncio del Ministerio de Vivienda de un subsidio para viviendas de hasta 4.000 UF, aunque advirtió que su éxito dependerá de que exista oferta suficiente, financiamiento adecuado y una implementación que considere las particularidades de cada territorio.
Otro cambio relevante es el demográfico. Según el balance, los hogares unipersonales representan hoy un 38% del déficit regional, mientras que aumenta la participación de personas entre 46 y 60 años que aún no logran una solución habitacional definitiva. “Son transformaciones que evidencian que la demanda ya no responde al mismo perfil sobre el cual fueron diseñadas muchas de las políticas habitacionales vigentes”, señaló.
La dimensión territorial también merece atención. Aunque Rancagua concentra un 22% del déficit regional, la realidad de las demás comunas muestra que no existe un único problema habitacional. Las diferencias entre zonas urbanas y rurales son marcadas: mientras las ciudades avanzan, en el mundo rural persisten brechas de acceso a suelo, infraestructura y financiamiento. “Obliga a pensar soluciones distintas para realidades distintas”, afirmó Placencio.
Finalmente, la presidenta del comité llamó a fortalecer la colaboración público-privada y a usar la información del Balance de Vivienda como hoja de ruta. “Las cifras no construyen viviendas. Lo hacen las decisiones que somos capaces de adoptar a partir de ellas”, concluyó.