Radio Pasión FM
El ciclismo mundial tiene este miércoles una cita con la historia en Colombia. La Vuelta a Colombia disputa su quinta etapa entre Ibagué y el Alto El Sifón, un recorrido de 164,7 kilómetros que guarda uno de los desenlaces más brutales que se recuerdan: casi 88 kilómetros de ascensión continuada hasta una meta situada a 4.138 metros sobre el nivel del mar.
La etapa atraviesa Alvarado, Venadillo, Lérida, Armero, Líbano y Murillo antes de encarar la subida final. La pendiente media de ese tramo ascendente ronda el 4,3%, un número que puede parecer hasta amable. Pero la verdadera dimensión del desafío está en la duración: cerca de 90 kilómetros ganando altura sin descanso, una distancia que no tiene comparación en las grandes vueltas europeas.
El recorrido incluye dos puertos de primera categoría antes de la llegada, con el Alto de Murillo como escollo previo: 21,3 kilómetros al 6,4% de pendiente. Después viene El Sifón, donde el oxígeno se convierte en un rival más. A más de 4.000 metros, la presión parcial de oxígeno baja y cada pedalada exige un esfuerzo mayor, un factor que condiciona el rendimiento y obliga a los corredores a dosificar hasta el último metro.
La carrera no es ajena a lo que vive el país. El pasado 10 de agosto un terremoto golpeó varias zonas de Colombia, dejando centenares de víctimas y damnificados. Antes de la cuarta etapa, la organización realizó un minuto de silencio en solidaridad con los afectados, y el pelotón ha seguido compitiendo mientras los equipos de emergencia trabajan en las zonas devastadas. La imagen de esta jornada, por lo tanto, llega con un contexto inevitable: el drama humano supera cualquier resultado deportivo, pero la montaña sigue ahí, esperando.
El Alto El Sifón pertenece a esa estirpe de puertos que han construido la leyenda del ciclismo colombiano, con escaladores criados a más de 2.000 metros y carreteras interminables por la cordillera. Lejos de las rampas imposibles del Angliru o el Mortirolo, el castigo aquí es otro: la resistencia. Serán casi 90 kilómetros mirando hacia arriba, hasta un punto donde la carretera y el aire empiezan a escasear. La quinta etapa de la Vuelta a Colombia no solo define la carrera: define lo que es capaz de soportar un cuerpo humano sobre una bicicleta.