Radio Pasión FM
Pedir ayuda a tiempo puede marcar la diferencia entre reordenar las finanzas o perder el patrimonio. Ese es el mensaje que surge de los datos entregados por la Superintendencia de Insolvencia y Reemprendimiento (SIR), que muestran comportamientos distintos entre hombres y mujeres frente al sobreendeudamiento.
Durante 2025 se iniciaron 6.756 liquidaciones simplificadas de personas, de las cuales un 57% correspondió a hombres y un 43% a mujeres. La situación se invierte en el caso de la renegociación administrativa, mecanismo que permite llegar a acuerdos con los acreedores sin necesidad de un juicio. En el primer trimestre de 2026 se registraron 1.818 casos de este tipo, un máximo histórico para ese período, y el 55,7% de las solicitudes fue presentado por mujeres.
Para el abogado especialista en deudas e insolvencia Ricardo Puelma Jirón, las cifras no significan necesariamente que un género se endeude más que el otro. “La diferencia no necesariamente está en quién se endeuda más, sino en cuándo llega a pedir ayuda”, explicó. En su experiencia, algunos emprendedores continúan financiando negocios que ya presentan dificultades, incluso mediante créditos o comprometiendo propiedades, una conducta que asegura observar con mayor frecuencia entre hombres.
También hay diferencias en los montos. Entre enero y junio de 2026, la deuda promedio de los hombres que utilizaron la renegociación fue de $49,6 millones, mientras que entre las mujeres alcanzó los $38,7 millones. Puelma recomienda actuar antes de que las deudas consuman gran parte del presupuesto mensual: “Lo ideal es pedir ayuda cuando estás pagando más del 45% de tus ingresos en deudas, y ojalá antes de repactar con los bancos”.
La renegociación ante la SIR es gratuita y no requiere iniciar un juicio. Desde 2023, además, pueden acceder personas que hayan emitido boletas de honorarios durante los últimos 24 meses. Según los antecedentes entregados, las renegociaciones aumentaron 146% durante 2025.
Cuando las obligaciones superan ampliamente la capacidad de pago y el patrimonio está comprometido, la liquidación puede convertirse en una alternativa. Puelma plantea que no debe entenderse como un fracaso financiero: “La quiebra es un instrumento legal, no una condena. Es un proceso con inicio, desarrollo y fin, y al otro lado hay un piso limpio desde donde volver a construir”.