Radio Pasión FM
Una reciente investigación de la NASA encendió las alarmas para las próximas misiones tripuladas a la Luna. Científicos del organismo espacial descubrieron que ciertos microorganismos asociados a los seres humanos podrían sobrevivir en las condiciones extremas del Polo Sur lunar, un hallazgo que redefine los riesgos de la exploración espacial.
El estudio, liderado por el científico planetario Prabal Saxena, analizó la resistencia de varios microorganismos capaces de soportar ambientes hostiles. Entre ellos destacó Aspergillus niger, un hongo que produce moho y que ya ha demostrado ser capaz de sobrevivir en la Estación Espacial Internacional. También se evaluaron Bacillus subtilis, Staphylococcus aureus, Deinococcus radiodurans y distintas especies de Fusarium.
Los experimentos recrearon las condiciones de tres regiones cercanas al Polo Sur lunar: el borde del cráter Nobile, la Cresta de Conexión y el borde del cráter De Gerlache. Los resultados mostraron que los microorganismos podían sobrevivir en zonas de sombra, incluso en áreas que podrían quedar dentro de la huella de la bota de un astronauta. De todos ellos, Aspergillus niger fue el más resistente a la radiación ultravioleta y logró soportar cierta exposición directa a la luz solar.
“Los seres humanos son exploradores por naturaleza, y con ellos llegan sus voces, sus recuerdos… y sus microbios. Para algunos científicos, incluyéndome, esa realidad puede resultar inquietante. Pero también ofrece la oportunidad de convertir una situación imperfecta en un experimento útil”, señaló Saxena en el comunicado oficial.
La contaminación microbiana podría complicar futuras investigaciones sobre la química lunar ancestral, ya que los científicos tendrían que distinguir entre elementos presentes originalmente en el satélite y aquellos introducidos por la actividad humana. En ese sentido, Andrew Needham, científico de control de contaminación de muestras lunares del programa Artemis, indicó que conocer qué había antes de la llegada humana será clave para futuras misiones, especialmente en Marte, donde cualquier posible señal de vida deberá diferenciarse de materiales provenientes de la Tierra.
El hallazgo cobra especial relevancia ante el regreso de astronautas a la Luna, previsto para los próximos años. La exploración tripulada no solo representa un avance científico, sino también la posibilidad de alterar ecosistemas que permanecen intactos desde hace millones de años. La NASA busca estudiar estos entornos antes de que la actividad humana los modifique de forma irreversible.