Radio Pasión FM
En distintos puntos de Sudamérica existen lugares que comparten un mismo nombre: Valle de la Luna. Todos se caracterizan por climas áridos, formaciones rocosas singulares y colores minerales que crean escenarios casi extraterrestres. Ahora, un recorrido por los cuatro más conocidos permite entender qué hace especial a cada uno.
En Argentina, el Parque Provincial Ischigualasto, en San Juan, es el único lugar del planeta con una secuencia casi completa del Período Triásico. Ahí se hallaron fósiles de dinosaurios antiguos como el Eoraptor lunensis y el Herrerasaurus, y la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad. Sus formaciones más icónicas son El Hongo y El Submarino, además del Valle Pintado y La Cancha de Bochas. Se encuentra a 75 kilómetros de San Agustín del Valle Fértil.
En Bolivia, el Valle de la Luna de La Paz está a solo 10 kilómetros del centro histórico y a unos 3.000 metros de altura. Sus estructuras de arcilla y arenisca fueron esculpidas por lluvias andinas y vientos. Una leyenda local dice que el nombre lo puso Neil Armstrong cuando visitó el país en 1969, aunque no está confirmado. Se puede recorrer en circuitos de 15 o 45 minutos, y destacan formaciones como El Buen Pastor y La Madre Luna.
El segundo valle argentino, en Jujuy, es el más extremo: está a casi 3.800 metros de altitud, en plena Puna, y es un cañón volcánico con tonos rojizos, ocres y blancos. Forma parte de la Ruta 40 y es poco conocido, pero sus paisajes impactan. A esa altura, algunos visitantes pueden sentir malestar por la menor presión de oxígeno.
El chileno, en San Pedro de Atacama, Región de Antofagasta, está a 13 kilómetros del pueblo y a unos 2.500 metros, por lo que el mal de altura no suele ser un problema. Forma parte de la Cordillera de la Sal y sus atractivos incluyen El Anfiteatro, Las Tres Marías, la Duna Mayor y el Mirador de Kari, ideal para el atardecer.
Cuatro paisajes, un mismo nombre y experiencias bien distintas para quienes buscan una geografía que parece de otro planeta.