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El terremoto de 1975 en el estrecho de Messina: el sismo moderado que casi no causó daños gracias a las normas antisísmicas

· 04/09/2026 16:48
El terremoto de 1975 en el estrecho de Messina: el sismo moderado que casi no causó daños gracias a las normas antisísmicas

El 16 de enero de 1975, a la 1:09 de la madrugada, la tierra volvió a temblar con fuerza en el estrecho de Messina. Un sismo de magnitud estimada entre 4,7 y 5,1, con epicentro en el sector calabrés entre Gallico Marina y Reggio Calabria, despertó a los habitantes de ambas costas. Fue el movimiento telúrico local más fuerte desde la catástrofe del 28 de diciembre de 1908, que arrasó la zona y causó decenas de miles de muertos. Sin embargo, medio siglo después, este evento casi ha caído en el olvido. La razón: los daños fueron sorprendentemente menores, pese a que la intensidad alcanzó los grados VII-VIII en la escala de Mercalli.

En Reggio Calabria, el sismo dejó grietas en iglesias y edificios históricos, incluida la Catedral, y provocó la caída de cornisas y escombros. Algunos edificios fueron declarados inseguros y debieron ser demolidos. En Messina, los efectos fueron aún más acotados: desprendimiento de yeso y daños menores. Se registraron seis fallecimientos, casi todos por colapso cardíaco provocado por el pánico, y solo unas pocas personas sufrieron heridas leves. Miles salieron a las calles aterrorizadas y pasaron la noche a la intemperie.

¿Cómo se explica que dos ciudades densamente pobladas no sufrieran una catástrofe mayor? Los especialistas apuntan a un factor clave: las normas antisísmicas introducidas después de 1908. El Real Decreto del 18 de abril de 1909 impuso reglas estrictas para la reconstrucción y nuevas construcciones en la zona, con restricciones de altura, conexiones obligatorias y el uso de materiales más resistentes. Esas regulaciones, aplicadas durante décadas, transformaron el parque inmobiliario de ambas ciudades.

El terremoto de 1975 fue, en cierto sentido, la primera gran prueba de aquel sistema regulatorio. Mientras los edificios construidos bajo las normas antisísmicas apenas sufrieron daños superficiales, las construcciones más antiguas mostraron grietas y desprendimientos. No hubo derrumbes generalizados ni una segunda catástrofe urbana.

Hoy, a 50 años de aquel episodio, el terremoto sigue siendo un caso de estudio. El estrecho de Messina permanece como una de las zonas de mayor actividad sísmica del Mediterráneo, con un sistema de fallas menores capaces de generar sismos de magnitud intermedia. La lección, según los expertos, es clara: las normas antisísmicas bien aplicadas marcan la diferencia entre un temblor aterrador y una tragedia.

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