Radio Pasión FM
En la jornada del 11 de septiembre, día que marca el aniversario del golpe de Estado de 1973, el presidente de Argentina visitó el Palacio de La Moneda y, frente a la prensa, defendió públicamente el derrocamiento de Salvador Allende, calificándolo de "gesta civilizatoria" que habría traído estabilidad al país.
El discurso, pronunciado durante la cumbre ultraderechista del Foro Madrid en Santiago, describió los gobiernos posteriores al golpe como una "farsa" y utilizó un lenguaje que equiparó la disputa ideológica a una lucha entre el bien y el mal. La intervención fue recibida con honores militares, lo que generó críticas inmediatas de voces opositoras que señalaron la gravedad del momento por su coincidencia con la conmemoración del inicio de la dictadura.
Según la columna de Karina Zapata Peña en PichilemuNews, la polémica radica en que el mandatario argentino, al exaltar un episodio doloroso de la historia chilena, alimenta un "patriotismo de cartón" que transforma la diferencia política en una amenaza existencial. La autora advierte que este tipo de retórica refuerza la descalificación del adversario político y legitima la exclusión de quienes piensan distinto.
El presidente chileno, quien recibió al invitado, no emitió comentarios oficiales al respecto durante la ceremonia. Mientras tanto, partidos de oposición y organizaciones de derechos humanos han pedido a las autoridades que condenen la exaltación del golpe y recuerden a las víctimas de la dictadura.
El episodio se produce en un contexto de cifras económicas desfavorables y una creciente polarización social, lo que intensifica el debate sobre la memoria histórica y el uso de símbolos políticos en la esfera pública.