Radio Pasión FM
Un llamado a tomar conciencia sobre la amenaza que representan los desprendimientos de hielo y roca en la alta montaña chilena hizo Hans Fernández, investigador del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ICA3) de la Universidad de O'Higgins, en el marco del reciente aluvión ocurrido en Nepal.
El fenómeno, registrado en la cabecera del río Lhende, se originó en un glaciar colgante ubicado a unos 5.200 metros sobre el nivel del mar. Desde allí se desprendió una masa de hielo y rocas que cayó aproximadamente 1.200 metros hasta alcanzar el fondo del valle, provocando una crecida que arrasó con poblaciones cercanas.
Fernández explicó que el desprendimiento habría obstruido temporalmente el curso del río, formando un represamiento natural. “La posterior ruptura del represamiento habría liberado el agua súbitamente, generando una crecida rápida del río”, detalló el académico.
Según el investigador, la cordillera de los Andes presenta condiciones que podrían favorecer eventos similares, aunque con diferencias respecto del Himalaya. “La cordillera de los Andes presenta una topografía escarpada y una gran diversidad de glaciares, incluyendo glaciares colgantes y masas de hielo emplazadas sobre laderas de fuerte pendiente”, señaló.
No obstante, advirtió que en el norte, centro e incluso buena parte del sur de Chile, los glaciares son generalmente de menor tamaño que los del Himalaya, por lo que el volumen potencial de hielo involucrado podría ser menor.
Una excepción importante está en la Patagonia, donde existen sistemas glaciares de dimensiones considerables. A ello se suma una diferencia relevante en términos de exposición: Chile posee una población cordillerana menor que Nepal, y la mayoría de sus habitantes se concentra en los valles centrales.
El académico recordó dos episodios ocurridos en el país. El primero tuvo lugar el 29 de noviembre de 1987 en el sector de Alfalfal, Cajón del Maipo, cuando un desprendimiento rocoso cayó unos 1.200 metros y generó un aluvión que recorrió cerca de 57 kilómetros, dejando 57 personas fallecidas y olas que en algunos sectores alcanzaron entre 20 y 30 metros de altura.
El segundo ocurrió el 16 de diciembre de 2017, cuando una remoción en masa movilizó roca, nieve y hielo glaciar en Villa Santa Lucía, Región de Los Lagos. El aluvión alcanzó directamente a la localidad y provocó 22 víctimas fatales.
“En el Alfalfal y Villa Santa Lucía aún están frescas las huellas de esos eventos en el paisaje y en la memoria de los habitantes”, planteó Fernández.
El investigador subrayó que el retroceso de los glaciares y la degradación del permafrost pueden modificar la estabilidad de las laderas y favorecer la aparición de nuevas lagunas glaciares. “Este tipo de eventos puede presentarse en toda la alta montaña de Chile, sobre todo donde hay pendientes pronunciadas, presencia de glaciares y permafrost, y sectores donde existen lagunas glaciares originadas a partir del retroceso de glaciares”, advirtió.
Frente a este escenario, Fernández planteó que el país debe avanzar en una identificación sistemática de zonas de riesgo, mapeando glaciares potencialmente inestables, lagunas glaciares y laderas susceptibles a remociones en masa. “Esa información debe incorporarse de manera efectiva en la planificación territorial y en las políticas públicas”, sostuvo.
Asimismo, enfatizó la necesidad de fortalecer los sistemas de monitoreo y alerta temprana. “La experiencia internacional demuestra que no siempre es posible impedir que estos fenómenos ocurran. Pero sí es posible reducir considerablemente sus consecuencias”, afirmó.
La estrategia, concluyó, debe combinar monitoreo permanente, sistemas de alerta, planes de evacuación, obras de mitigación y restricciones al desarrollo de infraestructura en sectores expuestos.