Radio Pasión FM
Pocas postales resultan tan llamativas como un manto blanco extendido sobre el desierto más árido del mundo. En agosto pasado, dos temporales consecutivos cubrieron de nieve amplios sectores del norte de Chile, desde la alta cordillera hasta las inmediaciones del Pacífico, un fenómeno que los satélites de la NASA no dejaron pasar por alto.
Las imágenes captadas por los sensores OLI de los satélites Landsat 8 y 9 muestran el contraste en el llano de Chajnantor, en el complejo volcánico Altiplano-Puna, donde opera ALMA, uno de los radiotelescopios más potentes del planeta. El 6 de agosto la zona aún se veía en tonos áridos; ocho días después, el 14 de agosto, una capa de nieve cubría el terreno. La combinación de nieve y viento intenso obligó al observatorio a suspender operaciones y a poner sus antenas en modo de supervivencia.
El fenómeno no se detuvo ahí. Días más tarde, un segundo sistema amplió el área afectada. El sensor MODIS del satélite Terra registró el 19 de agosto nieve extendiéndose desde los Andes hacia el oeste, atravesando el núcleo hiperárido del desierto hasta casi llegar a la costa, al sur de Antofagasta.
Detrás de la postal hay una explicación atmosférica. Según señaló René Garreaud, científico atmosférico de la Universidad de Chile, el episodio fue causado por una baja segregada: un núcleo de baja presión que se desprende de la corriente en chorro y queda aislado, con capacidad de desplazarse hacia latitudes inusualmente bajas. La diferencia esta vez estuvo en la escala del sistema, que se desprendió de una vaguada de dimensiones excepcionales, abarcando desde el extremo austral de Sudamérica hasta los subtrópicos. Esa perturbación, sumada a abundante humedad costera, generó precipitación sobre una franja anormalmente ancha: mar adentro, en la costa, en el corazón del desierto y en la cordillera.
En las zonas bajas la precipitación cayó como lluvia, y ahí estuvo el problema. Taltal, en la costa norte, acumuló cerca de 40 milímetros en tres días, unas diez veces su promedio anual. Sobre suelos sin vegetación y con cuencas de respuesta rápida, esa agua se tradujo en aluviones e inundaciones repentinas. SENAPRED reportó miles de personas afectadas y cientos de viviendas con daños mayores.
El contexto de mayor escala, según los expertos, es un evento de El Niño en desarrollo que ya había dejado un episodio extremo en julio en el Norte Chico. Garreaud advirtió que eventos de esta magnitud ocurren unas pocas veces por década, y cada uno permite comprender mejor cómo la circulación de gran escala logra vulnerar la barrera de aridez más persistente del planeta. La imagen de un desierto nevado, en todo caso, ya quedó registrada como un hecho histórico.