Radio Pasión FM
El Niño, la fase cálida de la Oscilación del Sur (ENOS), sigue presente en el Pacífico ecuatorial, y su potencial para alterar el clima global no ha disminuido. Aunque en agosto se observaron señales de aguas frías subsuperficiales en el Pacífico occidental, los organismos internacionales aún no confirman un debilitamiento definitivo del fenómeno.
El mecanismo es conocido: en condiciones normales, los vientos alisios empujan el agua cálida hacia el oeste del Pacífico, acumulándola cerca de Indonesia. Cuando El Niño se despliega, esos vientos se debilitan o invierten su rumbo, permitiendo que una enorme masa de agua caliente fluya hacia el este, hasta 200 metros de profundidad, hasta alcanzar las costas americanas. Esto altera la temperatura superficial del mar y, con ello, la circulación atmosférica global.
Las consecuencias, según explica la meteoróloga Úrsula Pamela García en un informe publicado este lunes, son extremas en diversas partes del planeta. Mientras algunas regiones sufren sequías prolongadas, incendios y olas de calor, otras enfrentan lluvias torrenciales, tormentas severas e inundaciones históricas.
En la Región de O'Higgins, la agricultura y la disponibilidad de agua son temas sensibles. Aunque la fuente no detalla efectos específicos para la zona, históricamente El Niño en Chile central se ha asociado a inviernos más lluviosos, lo que podría ser un alivio tras años de sequía, pero también un riesgo de inundaciones o desbordes en sectores vulnerables. Habrá que esperar las proyecciones estacionales para dimensionar su impacto local.
El calentamiento marino también golpea los ecosistemas. El avance de las aguas calientes comprime la termoclina y bloquea el afloramiento de nutrientes, lo que provoca la migración o muerte de peces, aves y mamíferos marinos, y genera episodios severos de blanqueamiento de corales. Para monitorear estos cambios, una red global de más de 4.000 instrumentos —boyas, flotadores Argo y satélites— mide en tiempo real la temperatura y salinidad del océano.
Instituciones como la NOAA y la Organización Meteorológica Mundial confirman la presencia de El Niño cuando la anomalía de temperatura marina en la franja Niño 3.4 supera los 0,5 °C sobre el promedio durante tres meses consecutivos. Hasta ahora, ese umbral se mantiene, lo que indica que el fenómeno sigue desarrollándose.
El seguimiento de este gigante térmico, advierten los expertos, es clave para anticipar los escenarios climáticos que podrían venir.