Radio Pasión FM
El Centro de Resiliencia Climática (CR2) publicó un análisis que contrasta el histórico El Niño de 1877-78 con las anomalías cálidas proyectadas para 2026, subrayando que la intensidad del fenómeno por sí sola no explica la magnitud de los desastres.
Según Eugenia Gayo, subdirectora del CR2 y académica de la Universidad de Chile, el episodio del siglo XIX provocó inundaciones en el norte peruano y sequías extremas en el Altiplano boliviano, mientras Chile ya enfrentaba una crisis económica, plagas agrícolas y problemas de infraestructura.
El estudio destaca que la vulnerabilidad social y estructural previa –como la falta de reservas de agua, caminos deteriorados y mercados débiles– amplificó los efectos de las lluvias intensas y de la sequía, convirtiendo fenómenos climáticos en desastres humanos.
En contraste, la actualidad cuenta con satélites, modelos de pronóstico y sistemas de alerta temprana, aunque también con ciudades más grandes y redes interdependientes que generan nuevas formas de vulnerabilidad.
Gayo advierte que la preparación y la capacidad de respuesta son factores decisivos para mitigar impactos, y que la lección del pasado sigue vigente: la exposición y la preparación pueden cambiar el rumbo de los eventos climáticos extremos.